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Antioxidantes
y atletismo Dr.
Lester Packer |
En los últimos tiempos, ha despertado interés la producción de radicales libres que acompaña el ejercicio físico y los efectos de las terapias antioxidantes en el rendimiento de los atletas
Introducción
Aunque son ampliamente conocidos los beneficios que se
derivan del ejercicio físico, también existe considerable evidencia de que,
durante su práctica, aumenta la producción de radicales libres (RL) que
producen daño oxidativo en el tejido muscular, hígado, sangre y, posiblemente,
en otras estructuras. Recientemente, se ha incrementado sustancialmente el interés
en este tópico, así como en los efectos de las terapias antioxidantes 1-3.
Si bien existen algunos informes acerca del aumento del
rendimiento físico a partir de tratamientos con antioxidantes, los resultados
de la suplementación con estas sustancias deben ser esperados en el largo plazo
y verse reflejados en la disminución del deterioro del rendimiento corporal
producido por el envejecimiento y en el incremento de los beneficios derivados
de la práctica regular tanto en el atleta, como en el individuo físicamente
activo.
Fuentes de
oxidantes en el ejercicio
Existen diversas fuentes de producción de RL durante el
ejercicio (Figura 1). Una de ellas sería por un "escape" de
electrones, probablemente a nivel de la ubiquinona-citocromo b, en la cadena
mitocondrial de transporte de electrones con producción de anión superóxido
(O2-.) 4-7.
Considerando que durante el ejercicio el consumo total de O2 aumenta
entre 10 y 20 veces 8
y que a nivel del músculo el flujo es aun 10 veces mayor 9,
es razonable suponer que la producción mitocondrial de O2-.
se halla igualmente incrementada.
Otro mecanismo posible es el de isquemia-reperfusión.
Durante el ejercicio, el flujo sanguíneo es restringido en numerosos órganos y
tejidos (riñón, región esplácnica, etc.) para aumentar el aporte a los músculos
activos. Es así que las regiones deprivadas temporalmente del flujo adecuado
ingresan en un estado de hipoxia, que es tanto mayor cuanto más intenso es el
ejercicio, y más aún si se supera la capacidad aeróbica máxima (VO2max).
Incluso el propio músculo activo entra en un estado de hipoxia por insuficiente
aporte energético. Al finalizar la actividad intensa, todas las áreas
afectadas son reoxigenadas, cumpliéndose el fenómeno de isquemia-reperfusión
con la conocida producción de RL que la acompaña
10- 11.
Un tercer posible mecanismo de generación de RL es la
autooxidación de catecolaminas, cuyos niveles suelen estar aumentados durante
el esfuerzo 12.
El O2-. producido por los mecanismos
mencionados, puede reaccionar con otra molécula similar en presencia de
protones (dismutación), para producir peróxido de hidrógeno (H2O2),
reacción catalizada por la superoxido dismutasa (SOD). El H2O2
puede reaccionar con metales de transición para producir el radical hidroxilo
(HO.), una de las especies más tóxicas y reactivas del oxígeno,
que reacciona con la primera molécula que encuentre a su alcance. El HO.,
por lo tanto, puede dañar proteínas, lípidos y ácidos nucleicos.
Protección
antioxidante
Los RL, que se producen durante el ejercicio, son especies químicas
altamente reactivas, que generan reacciones descontroladas que resultan en
entrecruzamientos de las cadenas del ADN, proteínas y lípidos en la misma molécula
o entre moléculas. También pueden provocar daños oxidativos en importantes
grupos funcionales de las biomoléculas, acelerando el envejecimiento y las
enfermedades que lo acompañan.
A lo largo de su evolución, el cuerpo humano ha desarrollado
mecanismos antioxidantes de defensa, bajo la forma de enzimas y compuestos. Sin
embargo, durante la actividad física, aun en individuos entrenados, es
previsible una importante producción de RL y, por lo tanto, un mayor
requerimiento de mecanismos de resguardo. Algunas de las defensas antioxidantes
se adecuan con el entrenamiento y en presencia de una dieta apropiada, pero
pueden ser superadas cuando se excede el nivel de ejercicio al cual se han
adaptado.
Los antioxidantes desempeñan una importante función para la
prevención de numerosas patologías, incluyendo las cardiovasculares y
cerebrovasculares, ciertos tipos de tumores y numerosas afecciones relacionadas
con el envejecimiento.
El conocimiento del modo como interactúan los antioxidantes
ofrece bases racionales para desarrollar estrategias nutricionales y de
intervención farmacológica, que permitan enfrentar tanto el progreso de las
afecciones degenerativas del envejecimiento, como las situaciones clínicas
agudas que se generan por el estrés oxidativo. Para lograr una comprensión
efectiva de la protección que brindan, es esencial evaluar todas las sustancias
y enzimas antioxidantes.
La interconexión
antioxidante
Una característica importante del sistema de defensas
antioxidantes radica en la interacción de los antioxidantes con sistema redox
(oxidorreducción) y no redox, que actúan en forma aditiva y sinérgica. Los
mecanismos de defensa antioxidante están localizados tanto en el medio acuoso
como en el lípido.
Entre los antioxidantes liposolubles se encuentran: la
vitamina E (VE), el ubiquinol o coenzima Q y varios carotenoides derivados de la
cadena alimenticia. La mayoría de los antioxidantes, incluyendo la VE, el
ascorbato o vitamina C (VC), tioles y ubiquinonas, se basan en principios de
reacciones redox. Los carotenoides y flavonoides son también poderosos
antioxidantes.
La VE es el más importante antioxidante liposoluble,
mientras que la VC es su equivalente en el medio acuoso. Las investigaciones han
evidenciado que ambas actúan interrelacionadas entre sí y con otros sistemas
antioxidantes.
La VC es un cofactor esencial en diversas hidroxilasas como
la prolil hidroxilasa y la lisil hidroxilasa. Considerando que la hidroxilación
agrega estabilidad a la triple helix del colágeno, por la deficiencia de VC se
producen afecciones como el escorbuto, con fragilidad de los vasos sanguíneos.
Pero, además de su participación en la hidroxilación, la
VC es, también, antioxidante. Respecto de su primera función bastan dosis tan
modestas como 10 mg/día para prevenir el escorbuto, pero para apreciar otros
efectos terapéuticos se requieren dosis mucho mayores.
En relación con su actividad antioxidante, la VC es un
atrapador de RL que neutraliza especies como el H2O2, el O2-.
y el ácido hipocloroso. En el curso de estas reacciones, la VC se transforma en
ácido dihidroascórbico, el que puede ser reciclado nuevamente a VC por
diversos mecanismos, entre ellos la acción del glutatión (GSH) que es, de por
si un antioxidante fundamentalmente involucrado en la destrucción de hidroperóxidos.
El GSH por medio de intervención enzimática (dehidroascorbato-reductasa,
tiol-transferasa o proteina-ditiol-isomerasa) revierte el dehidroascorbato a
ascorbato o VC:
| enzima |
| dehidroascorbato | + | 2GSH | ______________ | VC | + | GSSG |
La VE es el principal antioxidante que puede interrumpir la reacción de peroxidación lipídica en las membranas celulares. Cuando un radical peróxilo colisiona con la VE, se convierte en un hidroperóxido hiporreactivo, mientras que la VE al donar un electrón y oxidarse se transforma en un radical de VE (ChrO.) que también es hiporreactivo y puede recuperar su estado original de VE (ChrOH) al reaccionar con un reductor o seguir nuevas reacciones al combinarse con un radical peroxilo, alcoxilo o con otro radical de vitamina E formando productos inocuos:
| ChrOH | + | ROO. | ________________ | ChrO. | + | ROOH |
| ChrO. | + | reductor | ______________ | ChrOH |
| ChrO. | + | ROO. | ________________ | producto inocuo |
| ChrO. | + | RO. | ________________ | producto inocuo |
| ChrO. | + | CrO. | ________________ | producto inocuo |
Si bien, como se dijo, la VE es el mayor antioxidante en la membrana
mitocondrial, se encuentra en ella en muy bajas concentraciones, generalmente
menos de 0,1 nM por mg de proteína de membrana o, dicho en otros términos, una
molécula por 1000 a 2000 fosfolípidos de membrana. Los radicales son generados
por la peroxidación lipídica a nivel membranas a un promedio de 1 a 5 nM por
mg de proteína de membranas por minuto. Sin embargo, ni se produce la destrucción
oxidativa de estas estructuras, ni la VE es rápidamente consumida.
Esto genera una paradoja: ¿como se pueden conciliar las
pequeñas concentraciones de VE y un constante grado de peroxidación lipídica
con una ausencia de destrucción en las membranas celulares? ¿Cual es el
mecanismo de la alta eficiencia de la VE?
La hipótesis más aceptada es la que sostiene que la VE es
reconvertida de su forma de radical (tocoferilo o cromanoxilo), como
consecuencia de neutralizar RL, a su estado nativo por una variedad de otros
antioxidantes. Esto ocurre a través de la interacción de sustancias lipo e
hidrosolubles –con participación, o no, de mecanismos enzimáticos– reduciéndose
la VE de su forma tocotrienoxilo o tocoferoxilo a su estado de tocotrienol o
tocoferol, respectivamente.
Numerosos estudios in vitro mostraron que tanto la VC como el
ubiquinol serían las sustancias reductoras de la VE (Figura 2). En el
caso de la VC, dicha reducción se haría con el costo de la formación de un
radical de vitamina C (ascorbilo) que, a su vez, puede ser reducido nuevamente a
VC por el glutatión y los tioles. Finalmente, éstos últimos son reducidos a
su forma original por sistemas enzimáticos celulares 13-15.
Nosotros hemos demostrado este sistema de reciclado de la VE, tanto por
mecanismos enzimáticos como no enzimáticos, en sistemas artificiales de
membrana, en microsomas (preparaciones de plasma y membranas reticuloendoplásmicas)
y en mitocondrias 16.
Durante la situación de esfuerzo físico, también
participan enzimas antioxidantes que contribuyen a reducir el daño oxidativo,
son la glutatión peroxidasa (que cataliza la descomposición de los peróxidos)
y la glutatión reductasa (que reduce el glutatión oxidado). Los niveles de
estas enzimas en los eritrocitos y en el músculo esquelético aumentan con el
entrenamiento 17-19.
Indices de
estrés oxidativo y de daño durante el ejercicio
Si el ejercicio aumenta la producción de RL, dicho aumento
debe, también, evidenciarse. El método más directo para medir RL es su
dosaje, pero lo común es la determinación indirecta de su presencia
cuantificando el daño producido a los lípidos (peroxidación) o a las proteínas
(formación de grupos carbonilos).
Dosaje de RL. Nosotros hemos medido el aumento de RL
en el músculo y en el hígado de animales sometidos a un ejercicio extenuante,
ya sea con niveles normales de VE o deprivados de ella 20.
Ratas macho Long Evans fueron alimentadas con dosis suficientes (21 UI/kg) o
insuficientes (<1 UI/kg) de VE durante 5 meses y luego sometidas a ejercicio
en dos ruedas móviles: una con intensidad progresiva para determinar la
capacidad de carga máxima, y la otra para provocar una intensidad de
resistencia al trabajo submáxima, con medición del tiempo de agotamiento. El
test de resistencia fue realizado dos días después del primero y al término
de ambos los animales fueron sacrificados. Se obtuvieron homogeneizados de músculos
gastrocnemio, sóleo, plantar y de tejido hepático y se determinaron RL por
medio de resonancia paramagnética electrónica (EPR). Adicionalmente, se
determinaron índices de control respiratorio mitocondrial (ICRM). Luego de
ejercicio submáximo, la señal EPR para RL aumentó 3 a 4 veces en músculo e hígado
y fue mayor en los animales con deficiencia de VE. Los ICRM fueron menores luego
del ejercicio, debido a respiración basal e indicando cierto desacoplamiento
inducido por el ejercicio. Además la capacidad de adaptación (período previo
a la fatiga durante el ejercicio submáximo), fue inferior en los animales con
dieta deprivada de VE. Estos resultados son consistentes con un modelo de
ejercicio en el cual se generan RL, probablemente a nivel mitocondrial, con un
subsecuente daño a las membranas (incluyendo las mitocondriales) con alteración
de su permeabilidad, por peroxidación lipídica.
La disminución del rendimiento de los animales con
deficiencia de VE, asociado a una mayor señal de EPR, respecto de los animales
con niveles normales de VE, sugiere que la protección antioxidante es
importante para reducir el daño inducido por la actividad intensa.
Peroxidación lipídica. En la misma experiencia se
observó que la peroxidación lipídica, evaluada por la determinación de las
sustancias reactivas al ácido tiobarbitúrico (TBARS), se duplicaron por el
ejercicio en el músculo y el hígado de las ratas con niveles normales de VE;
en los animales deprivados de esa vitamina, el aumento fue menor debido a que
los niveles ya eran altos durante el reposo. Experiencias similares dosando
TBARS en muestras biológicas 20,21-25,
o midiendo los hidrocarbonos expirados, como resultado de la oxidación de los
ácidos grasos poliinsaturados 26-28,
mostraron aumento de estos luego del ejercicio. Un aumento de la peroxidación
lipídica, expresado en un cambio del 60-100% en los niveles de malondialdehido,
ha sido detectado en el stratum y corteza de animales sometidos a ejercicio
exhaustivo a un 100% de VO2max. Sin embargo, no todos los
investigadores encontraron estas respuestas de aumento de la peroxidación lipídica
en el ejercicio 29-31.
La ausencia de coincidencias entre los resultados puede atribuirse a las
diferencias de metodologías y protocolos utilizados.
Oxidación proteica. Este índice de daño oxidativo
es menos utilizado que el correspondiente a las moléculas lipídicas. En
nuestra experiencia hemos evaluado el daño a proteínas a través de la medición
de los carbonilos proteicos. Ciertos componentes aminoácidos de las proteínas
(histidina, arginina, lisina, y prolina) son sensibles a la oxidación
catalizada por metales, formando grupos carbonilos en las cadenas laterales de
las proteínas 32,33.
Es de suponer que estos compuestos aumenten con el ejercicio agudo o crónico.
Para aseverar esta hipótesis utilizamos ratas Sprague-Dawley
(Bantin y Kingman, Fremont, CA) (n=12) las que fueron entrenadas de acuerdo a técnicas
previamente establecidas 34.
Un entrenamiento de exigencia en plataforma circulante (treadmill) durante 12
semanas, permitió que los roedores corrieran 30 m/min durante 2 horas a un
grado de 15%, 3 días por semana. Mientras que los animales sedentarios (n=12)
corrían a 20 m/min durante 5 minutos 3 días por semana durante 12 semanas. Al
término del entrenamiento la mitad de los animales de cada grupo fueron
sacrificados y los músculos de la pierna y tejido hepático fueron utilizados
para la determinación de grupos carbonilos según el método de Levine y col. 35.
A los sobrevivientes de ambos grupos se les interrumpió el ejercicio durante
dos semanas al término de las cuales se realizó el mismo procedimiento que con
las anteriores.
Luego de 12 semanas de entrenamiento, el contenido de grupos
carbonilos se duplicó en los músculos de las ratas entrenadas comparado con el
de las sedentarias (p<0,05) (Tabla 1). En el hígado no se encontraron
diferencias en este aspecto. Al término de las dos semanas de finalizado el
ejercicio, el contenido de grupos carbonilos a nivel muscular había descendido
a valores semejantes al de los animales sedentarios.
La formación de grupos carbonilos –condición asociada con
estrés oxidativo– ha sido observada en células envejecidas 33-36,
en la reperfusión del miocardio isquémico de la rata 16
y en el músculo distrófico del pollo 37.
El grado de aumento del contenido tisural de proteínas oxidadas depende del
grado de producción de RL, de la eficacia de su eliminación por las defensas
antioxidantes, y de la capacidad de renovación de las proteínas dañadas. La
disminución a los valores normales del contenido de grupos carbonilos del músculo
esquelético, indica que el proceso de remoción funciona adecuadamente, y de
que existe mucha evidencia de que el entrenamiento físico aumenta las defensas
antioxidantes. Existe por lo tanto una fuerte evidencia de que los RL aumentan
con el ejercicio y de que, aun el incremento en las defensas antioxidantes por
el entrenamiento, resulta inadecuado para contrarrestarlos.
El hecho de que los grupos carbonilos proteicos no se
modificaron en el tejido hepático con el ejercicio, sugiere que el aumento de
estrés oxidativo debido al esfuerzo no alcanzó niveles suficientes para
aumentar el daño a las proteínas. Sin embargo, Davies y col. 20,
en sus experiencias hallaron un aumento de RL y de peroxidación lipídica,
tanto en el tejido hepático como en el músculo esquelético de ratas sometidas
a breves incrementos de actividad física. Debe entonces suponerse que el
mecanismo de daño de los RL por el ejercicio es diferente en las proteínas
respecto de los lípidos, o que las defensas antioxidantes del hígado aumentan
más rápidamente que las del músculo como respuesta al entrenamiento, o que la
velocidad de eliminación de proteínas dañadas es más efectiva en el hígado.
Tabla 1. Contenido de carbonilos proteicos en músculo e hígado de ratas entrenadas y sedentarias.
| Material |
| Grupo | Hígado | Músculo del muslo |
| Sedentarias2 | 2,9 ±0,2 | 2,6 ±0,5 |
| Entrenadas2 | 3,1 ±0,4 | 5,4 ±0,3* |
| Sedentarias3 | 2,9 ±0,6 | 2,9 ±0,3 |
| Entrenadas3 | 3,1 ±0,5 | 3,6 ±0,8 |
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Oxidación de ácidos nucleicos. Los ácidos nucleicos son igualmente
blanco del ataque oxidativo y constituyen un componente del daño celular que
puede tener efectos considerables en el largo plazo. Existe información de la
presencia de bases de ADN oxidadas en tejido pulmonar luego del ejercicio.
En un estudio, once voluntarios de sexo masculino, realizaron
un test de ejercicio graduado en un cicloergómetro para determinar la VO2max;
una semana después se los sometió a 90 minutos de ejercicio al 65% de VO2max
en el cicloergómetro durante 3 días consecutivos. Se determinó el volumen
urinario durante 24 horas previas a la primera prueba, y durante 24 horas luego
de la primera, segunda y tercera prueba. Luego de esta última, los
participantes iniciaron diariamente y por un mes, la siguiente suplementación
antioxidante: D-a-tocoferol 533 mg; VC 1000 mg; beta-caroteno 10 mg. Al término
de ese período se repitieron las pruebas de ejercicio y la recolección de
orina.
El daño oxidativo a los ácidos nucleicos fue determinado
midiendo la concentraciónde 8-hidroxiguanosina (8-OHG) en orina, un marcador de
la oxidación del ARN, sirviendo de muestra basal la orina recolectada antes del
ejercicio. La concentración de 8-OHG se determinó según técnica descripta
por Shigenaga y col.38,
y se midió en nanomoles/L. El valor obtenido se multiplicó por el volumen de
orina de 24 horas y el resultado se dividió por el peso corporal. La excreción
urinaria de ARN 8-OHG no se modificó durante los 3 días de ejercicio respecto
de los valores basales, ni se afectó con la administración de antioxidantes.
El ejercicio fue mas bien moderado (90 min. al 65% de VO2max) y es
probable que se requiera una actividad mucho mayor para observar daños en los
ácidos nucleicos. Por otra parte los sujetos de la muestra se hallaban
medianamente entrenados y se sabe que el entrenamiento reduce el daño oxidativo
derivado del ejercicio 29,39.
Otros investigadores han observado los efectos del ejercicio
en el ADN, pero los resultados son conflictivos. Hartman y col. 40,
observaron en humanos sometidos a una prueba de agotamiento en plataforma móvil,
un claro aumento en rotura de cadenas del ADN de leucocitos de sangre periférica,
extraída 24 horas después del ejercicio. Si se administraba VE (1200 mg/día)
durante 14 días previos a dicha prueba, el daño al ADN quedaba abolido en 4 de
cada 5 individuos. Sen y col. 3,
también hallaron aumentos significativos en la rotura de cadenas del ADN de
leucocitos al cabo de ejercicios de variada intensidad, pero no hallaron
correlación entre esa intensidad y el grado de alteración del ADN. Sin
embargo, en nadadores regularmente entrenados se observó una disminución de la
8-OHG nuclear de linfocitos luego de un ejercicio de agotamiento rápido. Este
hallazgo sugiere que la reparación del daño oxidativo en el ADN aumenta con el
entrenamiento 41.
De la misma forma que con la peroxidación de lípidos, la
interpretación de los resultados de diversos estudios se complica por los
diferentes estados de entrenamiento de los sujetos, los protocolos de ejercicio
y las metodologías de laboratorio empleadas. Por lo tanto, se requieren mayores
experiencias en este aspecto.
Cambios en los
antioxidantes durante el ejecicio
La determinación del status antioxidante constituye un signo
directo de estrés oxidativo. La mejor respuesta se ha observado con el glutatión,
que se encuentra en sus formas reducidas (GSH) y oxidada (GSSG). Existe
coincidencia en afirmar que el ejercicio produce oxidación del glutatión en
sangre. Nosotros usamos este antioxidante para seguir los cambios en sangre
producidos por ejercicio máximo y submáximo.
Ochenta voluntarios de sexo masculino con entrenamiento
moderado, fueron sometidos, en un cicloergómetro, a VO2max y, por 90
minutos, al 65% de la VO2max. Se obtuvieron muestras de sangre
durante el ejercicio y durante 4 días de la recuperación de la prueba submáxima.
No se hallaron cambios en el GSH o GSSG durante el ejercicio a la VO2max.
Opuestamente, durante el ejercicio submáximo, el GSH disminuyó de -0,4 mM a
0,15 mM durante los primeros 15 minutos de ejercicio, el cual se acompañó por
el correspondiente aumento de GSSG, expresado como equivalente de GSH (Figura
3). En los restantes 75 minutos de ejercicio, la concentración de GSH
declinó gradualmente más allá de -0,10 mM, mientras que el GSSG aumentó a
0,4 mM.
Sen y col. 3,
observaron igualmente un aumento significativo de la oxidación del GSH en
sangre luego del ejercicio; el GSSG se duplicó después del ejercicio máximo y
luego de 30 minutos de ejercicio a umbral anaeróbico3. El GSSG sanguíneo
aumentó el 72% en los hombres sometidos a ejercicio extenuante en plataforma móvil,
y hasta un 200% en ratas ejercitadas a 24 m/min en plataforma ad hoc 43.
Por otra parte, Ji y col. 44,
no observaron cambio alguno en las concentraciones sanguíneas de GSSG después
de 2 horas de cicloergómetro al 70% de la VO2max.
La única explicación de la importante y rápida declinación
del GSH en el ejercicio radicaría en un aumento de formación de
metahemoglobina. Un aumento de la frecuencia en la desoxigenación y reoxigenación
de la hemoglobina durante el ejercicio constituye la oportunidad para la formación
de metahemoglobina; el 3% de la hemoglobina total se encuentra en la forma
oxidada 45.
La formación de metahemoglobina es acompañada de producción de O2-.
que es rápidamente dismutado a H2O2 por la SOD. El H2O2
es eliminado por acción de la glutatión peroxidasa en los eritrocitos,
causando una marcada pérdida de GSH y acumulación de GSSG. Sea como fuere,
estos resultados sugieren que el ejercicio submáximo prolongado aumenta en
forma significativa el estrés oxidativo lo que se ve reflejado en grandes
respuestas del sistema glutatión.
Efectos del
uso de antioxidantes
Dado que el daño oxidativo es un hecho real en el ejercicio
o durante una actividad extenuante, especialmente en individuos no entrenados,
los efectos de la suplementación antioxidante han suscitado un gran interés,
tanto para aumentar el rendimiento del atleta, como para prevenir el daño.
Si bien la relación entre los antioxidantes y el rendimiento
es controvertida y, probablemente, de escaso efecto, existe abundante evidencia
que los antioxidantes previenen algunos de los daños oxidativos inducidos por
el ejercicio, particularmente en el largo plazo.
El apoyo al status antioxidante puede aumentar la resistencia
muscular a la fatiga. El tratamiento in vitro de diafragma de rata, con 10 mM
del antioxidante N-acetil cisteína (NAC), que aumenta los niveles de glutatión
46,
retardó el desarrollo de estrés observado en los haces musculares controles
sometidos a 10 minutos de contracciones intermitentes a 30-40 Hz 47.
En voluntarios que recibieron NAC (150 mg/kg), se observó
una mejor tolerancia a la fatiga que en otros a los que se les suministró
glucosa endovenosa al 5% como placebo 48.
La estimulación tetánica, a 10 Hz o 40 Hz durante 30 minutos, del músculo
tibial anterior mostró que la fuerza contráctil aumentaba un 15% con
tratamiento previo de NAC comparado con placebo glucosa. Este efecto fue
evidente a 10 Hz después de los 3 primeros minutos y persistió hasta el final
del protocolo. No se observó esta respuesta con el NAC a 40 Hz. Esta
experiencia sugiere la presencia de estrés oxidativo en el proceso de fatiga
que, a un bajo nivel de estimulación, puede ser reducido por la intervención
antioxidante.
En el rendimiento físico la administración de antioxidantes
es de resultados imprecisos. La suplementación de VE a ratas sometidas a
esfuerzo en plataforma móvil, no mostró aumento del rendimiento respecto de
los controles 49.
En humanos sometidos a ejercicio extenuante, no se halló diferencia de la VO2max
o el tiempo de ejercicio, antes o después de la suplementación con VE 50.
Tampoco se detectaron variaciones en la velocidad de nadadores que recibieron VE
comparados con un grupo placebo 51,52.
Sin embargo, en los escaladores de montaña la administración de VE mejoró el
rendimiento y no se observó el aumento de pentano exhalado que se produjo en
los sujetos controles 53.
La coenzima Q10 (CoQ), en su forma reducida es considerada un
antioxidante per se 54,
o por su capacidad de reciclar la VE13. En un sistema in vitro,
secciones de tejido de animales alimentados con CoQ fueron más resistentes a la
peroxidación lipídica inducida por el hidroperóxido de tertbutilo que las de
tejidos correspondientes a animales no suplementados con CoQ 55.
La suplementación con CoQ disminuyó la liberación inicial de creatina kinasa
y lactato dehidrogenasa en ratas a las que se las hizo descender por un plano
inclinado 56,
pero no tuvo efectos sobre la liberación de creatina kinasa en humanos
sometidos a ejercicio extenuante en cicloergómetro 57.
Estos interesantes resultados sugieren continuar con la investigación sobre la
acción antioxidante de la CoQ y sus efectos en el ejercicio.
La VC (ascorbato) puede actuar tanto como antioxidante como
prooxidante, al reducir el ion férrico a ferroso, pudiendo luego catalizar la
reacción de Fenton para iniciar la producción de HO. y la peroxidación lipídica.
Por lo tanto los efectos de la suplementación con ascorbato no son fáciles de
predecir. En un estudio experimental con cobayos sometidos a ejercicio
extenuante, se observó una marcada reducción de varias enzimas mitocondriales
en los animales suplementados con VC comparados con los controles, sugiriendo
que, al menos en la dosis administrada (4g/kg por dieta comparado a 2 g/kg en
los controles), predominaron los efectos prooxidantes del ascorbato 58.
La suplementación con ascorbato tampoco protegió de la hemólisis causada por
la deficiencia de VE 59.
Por lo tanto existe poca evidencia, que pueda ser considerada
definitiva, que sugiera que la suplementación con antioxidantes sea ventajosa
para el rendimiento del atleta o del individuo activo. Sin embargo, numerosas
experiencias sugieren que los antioxidantes pueden reducir el daño oxidativo
del músculo y otros tejidos causado por un ejercicio exhaustivo.
La suplementación con VE parece ejercer un efecto protector
contra el daño oxidativo a nivel muscular y de otros tejidos inducido por el
ejercicio. En humanos que ingirieron 600 mg D,L-a-tocoferol 3 veces por día
durante dos semanas, se observó una disminución del pentano exhalado en un
ejercicio graduado hasta alcanzar el 75% de la VO2max 60.
Asimismo sujetos que ingirieron VE (300 mg de acetato de D-a-tocoferol diario
durante 4 semanas), exhibieron una menor peroxidación lipídica plasmática
inducida por ejercicio respecto de determinaciones similares sin VE 50.
En ratas suplementadas con VE se observó una reducción de peroxidación lipídica
inducida por el ejercicio a nivel hepático 61.
Ha sido demostrado que la suplementación con VE no afecta la filtración de
enzimas citosólicas (creatina kinasa y lactato dehidrogenasa) en la sangre
luego del ejercicio 62,
pero dicha suplementación tuvo un marcado efecto sobre la disminución de la
filtración de enzimas de los lizosoma y de las mitocondrias
(beta-glucouronidasa y transaminasa glutámico oxalacética mitocondrial) 50,
posiblemente debido a que estas membranas, especialmente la mitocondrial, son más
proclives al daño oxidativo durante el ejercicio.
También observamos que la suplementación con VE en
animales, disminuye en forma marcada el daño oxidativo a las proteínas de los
músculos sometidos a esfuerzo 63.
Grupos de animales fueron sometidos a una dieta de altas dosis de VE (10.000
UI/kg dieta) y de aceite de palma rico en alfa-tocoferol y tocotrienol (isómeros
de la VE) (7000 mg tocotrienol/kg dieta), o a una dieta control, con niveles
normales de alfa-tocoferol (30 UI/kg dieta). Luego de 4 semanas algunos de los
animales de cada grupo fueron exigidos hasta el agotamiento en una plataforma
circulante, mientras el resto no fué forzado a ejercicio. La concentración de
grupos carbonilos proteicos en el músculo (gastrocnemio) y en la sangre fueron
determinados por el método de Levin y col. 35.
En ratas normalmente alimentadas, el contenido de carbonilo proteico del
gastrocnemio aumentó el 17,23 % como resultado del ejercicio, pero en los
animales que recibieron suplementos de VE, el aumento se mantuvo entre 8,27% y
5,78%. En comparación con los animales alimentados con dieta control, los
suplementados con tocoferol y tocotrienol tuvieron un contenido de carbonilo
proteico significativamente inferior (-32,3 y -19,8 %, respectivamente).
Asimismo, los animales suplementados con VE que fueron ejercitados tuvieron
contenidos de carbonilos proteicos más bajos comparados con animales
alimentados con dieta normal (-37,5% en los que recibieron tocoferol, -27,1% en
los que recibieron tocotrienol y tocoferol). No se observaron cambios en los
niveles sanguíneos de carbonilos proteicos, sea con el ejercicio o con
suplementación antioxidante. Los resultados indican que la suplementación con
VE, sea en su forma de tocoferol o tocotrienol, disminuyen el daño oxidativo
proteico del músculo. De hecho, los niveles musculares de carbonilo proteico en
los animales suplementados con VE y sometidos a ejercicio fueron siempre menores
que en los animales sedentarios que recibieron dieta control.
Estos resultados también evidenciaron la importancia de la
localización de la muestra, ya que en el músculo, y no la sangre, fue donde se
evidenciaron cambios marcados en los carbonilos proteicos y el efecto protector
de los antioxidantes. Por lo tanto, se debe ser cauteloso en la interpretación
de los estudios cuando se trata solamente de muestras de sangre, ya que pueden
existir daños importante en otros tejidos que no se reflejan en la sangre.
Otros antioxidantes parecen ser efectivos en la reducción de
los efectos de los RL producidos durante el ejercicio. El tratamiento de
voluntarios con NAC atenuó en forma marcada el aumento de GSSG en sangre
inducido por el ejercicio 3,
y ratones tratados con polietilen-glicol-SOD, sometidos luego a protocolos de
contracciones prolongadas para inducir daño se recuperaron en forma completa a
diferencia de los no tratados 64.
Conclusiones
Como se señaló al comienzo, los beneficios del ejercicio físico
regular son conocidos, incluyendo la mejoría funcional del aparato
cardiovascular; aumento del metabolismo energético y de las defensas
antioxidantes; mayor fuerza y resistencia muscular, y disminución de la
osteoporosis.
Pero, también, existen desventajas: aumento del consumo de
antioxidantes tisurales y cambios en su estado redox; asimismo el estrés
inducido por el ejercicio es aumentado por un estado deficitario en
antioxidantes.
Si la intervención antioxidante tiende a disminuir estos daños,
se perfila como un enfoque terapéutico prometedor en lo que hace a aumentar los
beneficios del ejercicio disminuyendo, a la vez, sus efectos deletéreos.
Los individuos que, regularmente, se someten a ejercicios físicos
extenuantes, a lo largo de los años pueden acumular productos de daño
molecular. Por lo tanto, los suplementos antioxidantes, que disminuyen dicha
acumulación, pueden contribuir a la salud a largo plazo de los atletas.
| Abreviaturas: |
| ADN: ácido desoxiribonucleico | H2O2: peróxido de hidrógeno |
| EPR: resonancia de spin paramagnético | HO.: radical hidroxilo |
| GSH: glutatión en su forma reducida | NAC: N-acetilcisteína |
| GSSG: glutatión oxidado |
Palabras clave: antioxidantes, coenzima Q, ejercicio, estrés oxidativo, peroxidación lipídica, radicales libres, vitamina E
Key words:
antioxidants, coenzym Q, exercise, free radicals, lipid peroxidation, oxidative
stress, vitamin E
|
Resumen
en español
El ejercicio físico extenuante ocasiona estrés oxidativo. Existen diversas fuentes para este mecanismo, que incluyen la producción de anión superóxido por la mitocondria, el fenómeno de isquemia-reperfusión, y la autooxidación de las catecolaminas. Un ejercicio intenso o prolongado puede superar las defensas antioxidantes, entre las que se encuentran las vitaminas C y E, y los tioles, existiendo una red de unión entre todos ellos así como con las enzimas antioxidantes. La evidencia de un estrés oxidativo durante el ejercicio se demostró midiendo el daño a las biomoléculas y el estado de defensas antioxidantes, particularmente el glutatión. Existe escasa eviencia de que los antioxidantes aumenten el rendimiento en los deportistas, pero un número extenso de trabajos mostraron que aquellos pueden disminuir el estrés oxidativo. Esto sugiere que el beneficio secundario a la administración de antioxidantes debe ser esperado en el largo plazo. |
BIBLIOGRAFÍA.